Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur.
Contact us now +1128 5255 8454
support@elated-themes.com

Instagram Feed

Nuestra actitud ante el propósito

Todos estamos acá con un propósito, dentro de la voluntad de nuestro Diseñador. Es parte de nuestro porqué, y debería de ser parte de lo que nos inspira, excede y que, en mayor medida que al resto de la humanidad, nos nace hacer algo en pro de eso.

Sabemos que Dios es un Dador de sus sueños a nosotros, que ama al soñador y que Él cumple sus promesas. Lo hemos hablado. Pero, ¿qué actitud tener ante ellas? Aún en medio de las peores circuntancias o tormentas de la vida.

A modo de introducción, créele. Persevera en ello, y en lo demás que debes de poner de tu parte. Esfuérzate, sé valiente, agradecido, obedece, no temas y no seas vago.  Debes de creerle a Dios por sus promesas. A Él no le agrada nada la incredulidad. Debes de valorar y cuidar esas promesas. No debes de afanarte, pero tampoco ser vago en el ir por ellas y cuidarlas.

Los problemas

La vida te golpeará fuerte. En especial si eres alguien que desea cambiar el mundo. Dios permite eso para formarnos y llevarnos a ser el tipo de persona que debemos de ser para cumplir su propósito. La vida golpeó fuerte a José, a Moisés, Jesús, Pablo, Pedro…Nelson Mandela. Pero era necesario para el cumplimiento de un propósito glorioso.

Dios puede ver el cuadro completo de nuestra vida e incluso del universo y la historia. Está en control. Y sabe que nuestra historia termina bien. Debemos de saber confiar en Él. Luchar y creerle. Estar trabajando pero tranquilos, disfrutando del camino y de la amistad de las personas valiosas en nuestras vidas, empezando por Dios.

Lo que debemos de evitar

En lo espiritual, en lo familiar, en lo financiero, en lo profesional, empresarial, sentimental, ministerial, etc…hay que creer en las promesas de Dios. Él cumple. Pero, aunque sin afán y sabiendo esperar, debemos de ser esforzados y valientes, y cuidarlas al tenerlas. Evitar lo que sabemos puede destruirnos.

Dios bendice al varón esforzado y valiente. Al justo que perseveró en hacer el bien, fue esforzado, valiente, solícito y no fue vago. Pero el pecado de la pereza, la falta de fé y las injusticias, traen consecuencias incluso naturales.

De hecho, el pecado en general nos aleja de nuestro propósito y sus consecuencias pueden llegar  a ser muy dolorosas, desde el alejarnos de Dios hasta el perder hermosas bendiciones.

Algunos textos bíblicos

En Éxodo 12:29, vemos que Dios cumple sus promesas aún si para eso es necesario la derrota del “invencible” mayor poder humano de ese siglo, aún si ese te ha oprimido mucho (más bien, probablemente Dios utilice eso para mostrarse a ese pueblo, porque también les ama):

“29 A medianoche el Señor hirió de muerte a todos los primogénitos egipcios, desde el primogénito del faraón en el trono hasta el primogénito del preso en la cárcel, así como a las primeras crías de todo el ganado.”

Dios siempre cumplió a Israel esas promesas. Llevó a José a Egipto desde donde salvó a su familia, liberó a Israel en el tiempo predicho, los bendijo, les llevó a la tierra prometida, etc. Y dio a Jesús, la promesa y el plan perfecto.

Jesús, por cierto, nos dejó mucho que aprender de Él en muchos temas. Incluyendo en promesas. Y en comportamiento. A Él, por ejemplo, sabiendo lo mucho que había por hacer, nunca lo vemos cayendo en ser perezoso. Más bien aprovechó bien sus 3 años de ministerio.

 

En Romanos 2:6-8, vemos que Dios paga a cada quien dependiendo de si hace el bien o hace injusticias:


“6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras:

7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,

8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;”

 

En Hebreos 6:9-15, vemos que debemos de perseverar en no ser perezosos, si no más bien imitadores de aquellos que heredaron las promesas:

“9 Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así.

10 Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.

11 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza,

12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo,

14 diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.

15 Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.”

Recalquemos Hebreos: 6:10-12:

Vemos en el original el término “tardos”. Se usa en contraste a “diligencia”, que en el versículo 11 de esta versión se traduce como solicitud.

Debemos de ser diligentes, nunca perezosos. Di: “Pasaré de perezoso a imitador”. La palabra perezoso en griego (νωθρός o nodsrós) es: perezoso, es decir holgazán, necio, tonto, etc.

Además, se nos insta NO a imitar a aquellos que se han desviado de su propósito e incluso hasta perdido la oportunidad de algunas promesas, si no a los ya alcanzaron las promesas de Dios. Aprendamos de estos todo lo que han hecho bien, aunque sin descuidar el que todos tenemos dones, promesas y características diferentes.

En Proverbios: 6:4-11, nos advierte mucho de este tema:

“4 No des sueño a tus ojos,
Ni a tus párpados adormecimiento;

5 Escápate como gacela de la mano del cazador,
Y como ave de la mano del que arma lazos.

6 Ve a la hormiga, oh perezoso,
Mira sus caminos, y sé sabio;

7 La cual no teniendo capitán,
Ni gobernador, ni señor,

8 Prepara en el verano su comida,
Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento.

9 Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir?
¿Cuándo te levantarás de tu sueño?

10 Un poco de sueño, un poco de dormitar,
Y cruzar por un poco las manos para reposo;

11 Así vendrá tu necesidad como caminante,
Y tu pobreza como hombre armado.”

 

En Proverbios: 24:30-34, nos advierte al final severamente:

30 Pasé por el campo del perezoso,
   por la viña del falto de juicio.
31 Había espinas por todas partes;
   la hierba cubría el terreno,
   y el lindero de piedras estaba en ruinas.
32 Guardé en mi corazón lo observado,
   y de lo visto saqué una lección:
33 Un corto sueño, una breve siesta,
   un pequeño descanso, cruzado de brazos…
34 ¡y te asaltará la pobreza como un bandido,
   y la escasez, como un hombre armado!

Lo que tú y yo debemos de hacer

Descansemos, pero para recuperar energías y no cayendo en vagancia. Aprovechemos el tiempo, no seamos perezosos, cuidemos las bendiciones que Dios nos va dando, perseveremos en el hacer bien las cosas, trabajemos, cuidemos nuestra viña. Sea en un tema espiritual, económico, profesional, salud, sentimental, familiar, etc.

Que cada día valga la pena. Una estrategia astuta es dividirlos en periodos de media hora en los cuales hagas las cosas sin distraerte, entre los cuales puedes tomar pequeñitos descansos. Ojo que estos versos le hablan con más énfasis a los más jóvenes.

Administra bien tu tiempo, tu dinero, tus energías y los demás recursos que Dios te da. Busca la sabiduría. Deja de hacer lo que sabes que está mal. Aprovecha las herramientas que pueden ayudarte a optimizar tus resultados, por ejemplo las que nos da la tecnología, herramientas valiosas que Dios nos permite crear gracias a que, al igual que Él, nos hizo creativos y creadores.

Todo esto por supuesto sin descuidar lo espiritual. Que tu relación con Dios sea más bien tu fundamento. Solo en Papá encontrarás fuerzas, paz y poder.

Y vamos concluyendo

La ciencia aumentó, como Él profetizó; aprovechemos eso para nuestro propósito. Nos tocó vivir en una era llena de herramientas con mucho potencial. Llena de información valiosa y útil.

Planifiquemos cada día, mes y semana. Oren, lean la Palabra de Dios, demuestren el amor a los que aman, sean ordenados y luchen por sus sueños. Por cierto, sueñen en grande. Crean esos sueños que a veces pone en nuestros corazones el mismo que partió el mar en dos.

Esas pasiones que arden en nosotros. Creánle a Dios y a sus promesas, amen, perseveren. A Él no le agrada la incredulidad. Pero debes de valorar y cuidar esas promesas. No debes de afanarte, pero tampoco ser vago en el ir por ellas y cuidarlas. Y recuerda: todo lo puedes en Cristo que te fortalece.

Comenta con tu usuario de Facebook
No Comments

Deja un comentario